Las funámbulas del olvido, Introducción

En mi práctica psicoanalítica, todas las personas a las que atendí que padecían bulimia y anorexia eran mujeres.  Escuché su síntoma como una creación en relación con el cuerpo, el sexo y el narcisismo femenino.

Desde el principio me impresionó la capacidad de estas analizantes para ocultar su sufrimiento tras una actitud alegre. A menudo sutiles y exigentes, les da vergüenza consultar una psicoanalista porque consideran que lo tienen “todo para ser felices”. Por lo demás, no consultan hasta  que su mal vivir, que intuyen venir de lejos, alcanza una intensidad tal que no soportan más guardarlo en secreto. Pero este sufrimiento, la mayor parte del tiempo, resulta indecible ya que no logran  establecer un lazo entre su estado y una experiencia traumática vivida durante la infancia.

En el transcurso de los años, de tanto escuchar la violencia que se infligen cotidianamente, pude comprender que la causa primordial de los comportamientos bulímico y anoréxico es la misma: el deseo de sobrevivir. La obsesión  de alimento constituye para ellas el único anclaje posible del sentimiento de existir. Es esta oscilación entre la ingurgitación y la privación la que mantiene su percepción del cuerpo. Gracias a las variaciones de peso, ellas se sienten vivas, y las crisis les sirven para medir el tiempo. Y en el intervalo entre cada una de las crisis, atormentadas por una impresión de  vacuidad y de soledad, se perciben detestables y sin interés.

Su pensamiento sin cesar fijado en el alimento me pareció muy próximo al de esos náufragos, refugiados sobre una isla desde hace demasiado tiempo, solos e ignorados de todos, aún movilizados por la voluntad de sobrevivir, en espera de improbables socorros. Esta imagen se me impuso: como esos sobrevivientes en situaciones extremas, ellas, para seguir sintiéndose existir,  se mantienen despiertas pensando en su alimento preferido.  Pero de tanto esperar en una privación constante, pierden incluso el olor de su alimento favorito. Ya no tienen hambre, pero tienen temor a experimentar una carencia, de ahí su compulsión a comer más de la cuenta para recobrar su energía. Es para seguir vivas por lo que se atiborran de alimento. No por eso dejan de sentir terror a estar hartas, porque entonces tendrán la impresión de estar ya muertas.

Las que rozan con la muerte por inanición se mantienen en un vacío constantemente calibrado para sobrevivir el mayor tiempo  posible. Como el náufrago prisionero de la isla  que fue su salvación, ellas están en total desamparo, hasta olvidar sus necesidades reales. ¿Por qué ocultan ellas este inmenso desamparo? ¿Cuál es el secreto que guardan así, a costa de su vida?

En la literatura psicoanalítica encontramos esta idea de que la dependencia del alimento es una consecuencia de una falta de organización del narcisismo y del lazo primarios madre-niño que imposibilita la separación. Sin  embargo, hasta ahora, ningún psicoanalista ha podido evidenciar el origen de esas  deficiencias precoces.

En esta obra, esbozo una teoría genealógica y filo-ontogenética de la bulimia y de la anorexia. Planteo que bulímicas y anoréxicas adolecen de una falta de organización simbólica del narcisismo primordial  y del lazo primordial con la madre, debido a la intensidad de la angustia de muerte y a los traumatismos vividos por los abuelos y los padres durante su vida fetal.

En efecto, las declaraciones  recurrentes y dolorosas de estas mujeres  me dieron a entender que ellas revivían una experiencia catastrófica de desmoronamiento que, remontándose a la vida fetal, es generalmente olvidada y enterrada en el inconsciente por la represión originaria. Son semejantes a unas rescatadas que, culpables de haber sobrevivido, sin que se enteren los demás, a un desastre5, se esconden y se preparan para afrontarlo de nuevo, como la segunda ola de un maremoto. Una segunda ola que sería el nacimiento.

Ellas se ponen en un estado de supervivencia, con el fin de reservar al máximo su energía. Las bulímicas devoran y almacenan grasa para resistir, pero, al llenarse descomunalmente, se cortan el aliento y se ponen en un estado de enajenamiento que les impide hablar y moverse. Las anoréxicas, al contrario, se mantienen en vida disminuyendo sus necesidades. Gracias a su privación voluntaria, se mantienen también en un estado de enajenamiento que se puede comparar con la embriaguez de un buceador cuando se entrena para quedar  bajo el agua en apnea, inmóvil, el mayor tiempo posible.

Unas y otras, con estrategias diferentes, han anestesiado su dolor y sus emociones. En lo hondo de sí mismas, se perciben invencibles e inmortales, en un estado límite entre la vigilia y el sueño, entre la vida y la muerte, un estado parecido al del niño a punto de nacer.

Estas mujeres, gracias a la permanencia de esas reacciones arcaicas de supervivencia, me dieron a entender que existía un violento traumatismo que se produjo durante la vida fetal y que se repite justo antes del nacimiento. Antes de poder pensar y escribir acerca de ese trauma original prenatal traduciendo lo que intentaban transmitirme con sus palabras y la inflexión de su  voz así como con sus gestos y sus posturas corporales, necesité esculpir la piedra. Para ayudarme a veces me trajeron espontáneamente dibujos y poemas que describían su estado de niño agonizante, por nacer. Con ellas, yo pude acercarme a estados de sufrimiento fetal y de agonías primordiales que me hicieron entender que la vida psíquica y la imagen inconsciente del cuerpo del niño se estructuran, ya desde la concepción, en el cuerpo de la madre, imbricándose sutilmente con su angustia, su deseo, sus significantes y las percepciones, las emociones, las representaciones y las fantasías inconscientes de los abuelos y de ambos padres.

Mi propósito es mostrar, a continuación,  cómo las fantasías inconscientes, transmitidas por las abuelas, pueden forjar un destino de bulímica y anoréxica antes del nacimiento. Para ello he indagado las fantasías inconscientes más arcaicas ligadas a la función de reproducción, que he designado como fantasías maternas originarias, escuchando la experiencia vividapor las mujeres como un cuerpo-texto (cor(ps)-tex(te)) poético grabado en la memoria. Más tarde,  he confrontado el discurso poético de las mujeres en torno a esa experiencia vivida con  el discurso de los investigadores científicos, según el consejo de Freud.

Esta obra es, pues, un ensayo teórico fundado sobre la clínica psicoanalítica y la escucha de mujeres adultas bulímicas y anoréxicas.

Un primer capítulo presenta la manera como se sienten y hablan de su síntoma en el primer encuentro con el psicoanalista.

En los capítulos siguientes, unos  casos clínicos vienen paso a paso a aclarar los puntos enigmáticos de estas patologías poniendo al descubierto las fantasías inconscientes  que estructuran la organización del narcisismo primordial y de la imagen inconsciente del cuerpo, sacado a luz en el transcurso del análisis a través de la transferencia y la escucha de una psicoanalista1.

Vamos a ver cómo el fallo simbólico en la representación del tiempo es la causa más precoz de la bulimia y de la anorexia.

Yo invito al lector a que siga las diferentes etapas de mi viaje en la búsqueda de estas estrellas fantasmas olvidadas tras la galaxia. Con mi lupa, a la manera de un detective, intentaré reunir las huellas del desastre originario que provocó su desmoronamiento en los agujeros negros de la memoria parental.